Las gasolineras ‘low cost’ llevan a la UE su guerra con las CCAA

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Estas instalaciones ofrecen un descuento medio de seis céntimos por litro de carburante

Repsol y Cepsa se suman al ‘low cost’

12/04/2016 03:03

Las gasolineras desatendidas, conocidas popularmente como fantasmas por la ausencia de personal en la instalación o low cost por sus bajos precios, preparan ya una dura batalla contra la normativa autonómica que, según denuncian, frena su desarrollo y atenaza su cuota de mercado.

Las principales marcas que operan este tipo de establecimientos han decidido asociarse para denunciar ante la Comisión Europea la violación del Tratado de Funcionamiento de la Unión en lo que se refiere a las restricciones para la apertura de establecimientos comerciales.

Además, estas gasolineras -a través de la nueva asociación Aesae– meditan denunciar de forma interna ante la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) el incumplimiento por parte de algunas autonomías de las Leyes 17/2009 y 20/2013, que regulan el libre acceso a mercados de servicios.

Las gasolineras desatendidas van a denunciar, en concreto, la normativa aprobada en cinco autonomías que las obliga a tener una persona contratada “responsable de los servicios que en ella se presten”, lo que a su juicio supone una restricción en la extensión de su modelo de negocio. Estos establecimientos han reaccionado después de que Murcia y Baleares prohibieran el pasado año las instalaciones desatendidas, sumándose a otras regiones como Castilla-La Mancha, Navarra o Valencia.

El objetivo es evitar que el resto de autonomías se sumen a las prohibiciones con “normativas espejo” por la presión de asociaciones de consumidores, petroleras, gasolineros y sindicatos. Estos últimos advierten de que su proliferación amenaza a cerca de 10.000 empleos en el sector. En el caso de Madrid, el parlamento regional ha solicitado al Gobierno que obligue a todas las gasolineras de la región a tener al menos una persona para atender a los conductores.

En España hay ahora mismo instaladas alrededor de cuatrocientas estaciones de servicio desatendidas. Estos establecimientos han logrado crecer en los últimos años al amparo del impulso normativo dado en 2013 por el Gobierno para facilitar la apertura de instalaciones de este tipo y elevar la competencia en el mercado de los carburantes. Ballenoil y Petroprix son las principales cadenas de gasolineras desatendidas, con 69 y 26 centros de suministro, respectivamente, repartidos por distintas provincias del país. Repsol y Cepsa, las dos principales petroleras por cuota de mercado, también se han lanzado al modelo low cost con la apertura de una treintena de gasolineras.

Además de las menores barreras burocráticas a su apertura, el crecimiento de estos puntos de suministro está apoyado en un cliente que prefiere pagar menos por el carburante y renunciar a otros servicios tradicionales como la tienda o la atención en el surtidor. La filosofía de estas gasolineras es: llegar, repostar y pagar con una tarjeta de crédito en el mismo surtidor.

A cambio, los precios de la gasolina y el gasóleo en estos puntos son de media 6 céntimos por litro inferiores a la media del parque nacional, según la estadística de precios del Ministerio de Industria. Esto equivaldría a un descuento aproximado de tres euros por repostaje para un vehículo medio con un depósito de 50 litros. Extrapolado a la media de 984 litros de carburante que consume un hogar español al año, el ahorro rondaría los 60 euros con respecto al coste medio del conjunto del parque gasolinero.

El plan de las gasolineras desatendidas pasa por hacerse a medio plazo con un 10% del mercado, una cifra equivalente a cerca de 1.000 establecimientos. El crecimiento pasaría por la apertura de nuevos puntos de suministro y la sustitución de algunos de los ya existentes, en un mercado que no ha parado de crecer durante la crisis a pesar de la contracción del consumo.

Las estaciones de servicio desatendidas ya superan la barrera del 10% en Francia, un mercado altamente competitivo dominado por grandes hipermercados como Carrefour o Lecrerc. En Bélgica la cifra asciende al 20%, mientras que en Dinamarca o Suiza más de la mitad de los combustibles vendidos es a través de estas instalaciones, explica Aesae.

La patronal destaca que estas instalaciones cumplen con todas las normativas de seguridad, justo en un momento en el que Industria está trabajando en una nueva legislación que endurecerá las garantías de funcionamiento. En lo que se refiere a la amenaza de destrucción de empleo, Aesae destaca que su contribución al ahorro de los hogares se transformaría en mayor consumo en otras actividades.

http://www.elmundo.es/economia/2016/04/12/570bef8c268e3e570a8b461f.html

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