Algunas verdades incómodas del panorama energético global

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Hace unos días hubo un gran apagón nocturno en Bruselas, ciudad en la que resido. Durante algunas horas, barrios enteros, entre ellos el mío, quedaron completamente a oscuras. La sensación de desvalimiento y fragilidad al contemplar la negritud de las calles y edificios vecinos me hizo pensar en lo afortunados que somos aquí por poder hacer uso y abuso de la energía, sin la cual ya seríamos prácticamente incapaces de realizar nada. Bajo la agradable luz de las velas que encendimos en casa, tuve tiempo de reflexionar sobre el desconocimiento con que los ciudadanos del primer mundo opinamos sobre este tema, y muy especialmente quienes, enarbolando la bandera de las energías renovables, piensan que todo el monte global es orégano. Aquellas reflexiones, junto con algo de investigación, han dado como resultado este artículo. Les animo a despojarse de prejuicios o apriorismos, a alejar la perspectiva y a recorrer el mismo camino que me ha llevado hasta aquí. Porque va siendo hora de que dejemos de mirarnos el ombligo.

Ampliando el foco

Empecemos por resaltar una obviedad máxima: no se puede vivir sin energía. La energía es un elemento fundamental en nuestra existencia, que usamos en grandes cantidades. Además, las necesidades de energía del planeta serán cada vez más elevadas: primero, porque la población mundial no deja de crecer y, sobre todo, porque para un enorme sector de esa población, el acceso a la energía es todavía cero o muy cercano a cero. Por tanto, la demanda global de fuentes energéticas seguirá aumentando a un ritmo intenso. ¿Cómo cubrir esta demanda? Desde luego, imposible hacerlo con la mera aportación de las energías renovables. En las próximas décadas no nos quedará más remedio que seguir recurriendo, entre otros, a los malos de la película: los malvados, contaminantes y destructivos combustibles fósiles. O eso o nos apagamos. Nada mejor que el siguiente gráfico para ilustrar esta afirmación:

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Ahora que el presidente Trump relanza de nuevo la producción de petróleo, gas y carbón, autorizando los oleoductos Keystone XL y Dakota Access bloqueados por Obama y eliminando restricciones al fracking y al “carbón limpio”, hemos convertido a los Estados Unidos en el villano de la película, cuando en todo el mundo la realidad energética es similar. Aquí, en la misma Unión Europea, líder en energías limpias, nos hemos marcado el ambicioso objetivo… de un 20% de consumo en renovables para 2020, un 27% para 2030 y la eliminación del carbón… en 2050.

Dicho de otra manera: en 2030, Europa seguirá dependiendo un 73% de fuentes energéticas NO renovables. Y habremos de convivir con ello, por mucho que se empeñen los campeones solares y eólicos en lo contrario. Por consiguiente, durante los próximos años, los europeos continuaremos consumiendo combustibles fósiles y nuestros principales retos seguirán siendo, como hasta ahora, la eficiencia, la seguridad del suministro a precios razonables y la reducción de la contaminación. Pero es que, además, parecemos haber olvidado que no estamos solos.

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La revolución fracking

La aparición del fracking, además de conmocionar el mercado de la energía, supuso una también una convulsión geopolítica global. La producción de Estados Unidos pasó de 5,6 millones de barriles diarios de crudo en 2010 a 9,3 millones a finales de 2014, el mayor nivel en 30 años, desplomando el precio del petróleo a la mitad (ver cuadro anterior) y rompiendo el oligopolio energético ostentado durante décadas por la OPEP. En ese mismo período, EEUU pasó de ser el mayor importador neto y bruto de derivados del petróleo a convertirse ya en el mayor suministrador bruto y el segundo mayor suministrador neto después de Rusia.

Tal revolución geopolítica, además, fue impuesta por los mercados. Ni Obama ni anteriormente Bush promovieron conscientemente el fenómeno fracking, pero se beneficiaron de sus efectos. Fue la tecnología la que propició ese boom productivo y la política siguió aguas, bien para subirse a la ola como ocurrió en Estados Unidos o para tratar de frenarla como en Europa, a costa del bolsillo de los consumidores en muchos casos. La tecnología, además, es la que está permitiendo también una mejora continua de la eficiencia energética y una reducción consistente de la contaminación atmosférica pese al aumento del consumo. Se trata de un fenómeno que debe contemplarse como un todo y que rompe mitos tan persistentes en el debate público como el peak oil.


El peak del peak del peak del peak oil

El muy notable geólogo de Shell M. King Hubbert se hizo mundialmente famoso al predecir con acierto en los años 50 que la producción total de petróleo de los Estados Unidos alcanzaría su pico (peak oil) a finales de la década de los 60 o a principios de los 70. También proyectó que la producción global de crudo empezaría a declinar alrededor del año 2000. Considerado un mito por legiones de seguidores, su teoría desató innumerables predicciones apocalípticas sobre el fin de los combustibles fósiles y el colapso energético del planeta. La siguiente imagen, del año 2003, constituye un simpático ejemplo de ello:

Sin embargo, la tecnología pronto se encargó de ir rebajando ese apocalipsis a categoría de anécdota. En el año 2000 la producción mundial de petróleo fue más del doble de lo predicho por Hubbert, y en 2015 la producción estadounidense regresó a niveles de los años 70. Es más, tanto el suministro global de crudo como su consumo no han dejado de aumentar desde entonces. Y lo mismo ocurre con el gas natural.

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La respuesta de los acólitos del peak oil ha sido ir lanzando balones predictivos hacia el futuro, en la seguridad de que en algún momento acertarán con sus previsiones. Y, en efecto, así ocurrirá: el propio Hubbert opinaba que podría efectuarse una transición exitosa del petróleo y otros combustibles fósiles a un mundo dominado por la energía nuclear y la energía solar, siempre que se empezara lo antes posible. Esa transición ya se está produciendo, pero a un ritmo mucho más moderado de lo previsto y con grandes contrastes regionales. Y ello ocurre tanto por la tecnología como por la cruda realidad de las necesidades globales.


Hay otro mundo ahí fuera.

Huelga insistir (o no), pero desarrollo implica energía. Cientos de millones de personas necesitan energía barata y abundante para salir de la miseria y prosperar en diversas áreas emergentes del mundo, y ello, siento decirlo, no va a conseguirse sólo con paneles fotovoltaicos o aerogeneradores. Actualmente, las energías renovables no pueden asegurar ni de lejos ese despegue y no lo harán en el medio plazo. Sin duda, los avances tecnológicos nos depararán novedosas fuentes de suministro y sustanciales mejoras energéticas en el futuro, liquidando al fin los combustibles fósiles, pero por el momento, la mayor parte la energía barata que necesita el planeta para funcionar, como hemos visto, se quema y contamina. Un hecho que ha entendido perfectamente la nueva administración norteamericana en su propuesta de relanzamiento económico que, por cierto, no deja de lado las renovables. Todo suma para su America First. Y así les cundirá.

En este sentido, Europa constituye una privilegiada rara avis. Somos ricos, estamos en nuestros topes de consumo energético, de utilización de vehículos, de calefacción doméstica y de instalación de electrodomésticos. Nos centramos ya en la búsqueda de la eficiencia, la sostenibilidad ambiental y la reducción del consumo. Todo ello resulta perfecto, pero muchas otras partes del mundo no se hallan en esa tesitura. Es el caso de África, que está viviendo un proceso de urbanización acelerada sin precedentes, al igual que ocurre en diversas zonas de Asia y Latinoamérica.

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Las soluciones renovables para esos países en desarrollo pueden ser muy útiles en entornos rurales y como necesario complemento, pero sin abundante energía fósil, carbón incluido, además de un enorme despliegue hidroeléctrico (y por qué no, nuclear), todo ese boom urbano no dispondrá de los recursos necesarios para su desarrollo. No debemos olvidar, además, que tan “malvadas” fuentes energéticas son las mismas que los occidentales utilizamos durante el siglo XX para nuestra propia revolución industrial. Negar esta verdad incómoda por la vía de la dictadura energética, las prohibiciones y las restricciones internacionales supone, además de una soberbia y una hipocresía mayúsculas, condenar a la miseria a naciones enteras.

Merece la pena reflexionar sobre ello.

http://www.sintetia.com/algunas-verdades-incomodas-del-panorama-energetico-global/

Hacienda se resiste a subir los impuestos sobre el diésel

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“España es uno de los Estados miembro que más uso hace de las subvenciones a los combustibles fósiles. El diferencial diésel-gasolina no está justificado desde una perspectiva medioambiental: el diésel emite niveles superiores de varios contaminantes atmosféricos y debería estar sujeto a impuestos más elevados”. Esta es la opinión que recoge un informe de la Comisión Europea publicado la semana pasada. Se trata de una recomendación recurrente. El impuesto sobre hidrocarburos es inferior para el gasóleo que para la gasolina, un diferencial que en términos medioambientales y sanitarios no tiene sentido. El diésel emite partículas que se han demostrado nocivas para la salud.
La menor fiscalidad sobre el diésel es uno de los factores que contribuyó a que en España triunfaran este tipo de motores. Hoy, casi el 60% de los vehículos que circulan por las carreteras españolas va con gasóleo. La dieselización se ha mitigado recientemente y los datos indican que los motores gasolina empiezan a ganar terreno, aunque aún la mayoría de nuevos coches son de gasóleo.
El Gobierno de Mariano Rajoy ha estudiado muchas veces y tiene encima de la mesa medidas para elevar el impuesto sobre hidrocarburos y la fiscalidad sobre el diésel. Sin embargo, se ha resistido a hacerlo hasta ahora y su idea es mantener esta posición todo el tiempo que pueda. A pesar de las recomendaciones de Bruselas, Hacienda entiende que un incremento de la fiscalidad energética dañaría la economía, perjudicaría la renta disponible y haría que las empresas españolas pierdan competitividad. Es cierto que España mantiene una fiscalidad sobre el combustible inferior a la media europea, pero fuentes de la Administración recuerdan que España se encuentra geográficamente más lejos del mercado europeo. Es decir, que una empresa española debe hacer más kilómetros por carretera que otra francesa o italiana para llegar los mercados centroeuropeos.
Seguir leyendo en Cinco Días en el link http://cincodias.com/cincodias/2017/02/13/economia/1487003520_917074.html

Europa reprocha a España que mantenga las subvenciones a los combustibles fósiles a costa del medio ambiente en El Diario

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Las advertencias se han convertido en reproche. La Comisión Europea considera que a España le hace falta un plan para eliminar todas las “subvenciones nocivas para el medio ambiente”. Y no lo tiene. De hecho, la evaluación europea sobre la legislación verde española especifica que “todavía subvenciona los combustibles fósiles, el carbón local, los automóviles de empresa y el gasóleo con respecto a la gasolina” cuando podría alcanzar los mismos objetivos políticos “de manera menos perjudicial para el medio ambiente”.

La Comisión Europea ha analizado la aplicación de las leyes medioambientales en toda Unión. En el caso español, los agujeros están en la llamada fiscalidad verde, la gestión del agua y de los residuos. De hecho, España es el tercer país por la cola en ingresos porimpuestos verdes respecto a su Producto Interior Bruto.

Seguir leyendo: http://www.eldiario.es/sociedad/Europa-advierte-Espana-subvenciones-combustibles_0_609639345.html

Acuerdo de Colaboración con GRUPO MYG Consejeros de Seguridad

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AMADIS ha llegado a un acuerdo de colaboración con GRUPO MYG Consejeros de Seguridad, para ofrecer a sus asociados y amigos los mejores servicios en las mejores condiciones como es nuestra vocación y deseo como Asociación.

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Nuestro control y gestión están certificados por los sistemas de gestión ISO 9001:2008, ISO 14000, lo que nos permite ofrecer a nuestros clientes una clara trazabilidad en el cumplimiento de los objetivos de los proyectos contratados.

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Precio de la gasolina: Se acabaron los carburantes baratos | EL PAÍS

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Llenar el depósito cada vez sale más caro. Hace justo un año, en enero de 2016, el diésel estuvo por debajo del euro durante todo el mes. Algo difícil de repetirse, al menos en el corto plazo. Sobre todo por el alza del precio del barril de Brent, que está en los 56 dólares el barril y que los expertos prevén que alcance los 60 en 2017, muy lejos de los 35 dólares registrados cuando el diésel costaba menos de un euro. Una subida del Brent que se acentuó después del 30 de noviembre, día en que la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) acordó la reducción de la producción.

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Seguir leyendo: http://economia.elpais.com/economia/2017/01/23/actualidad/1485178241_799875.html

QUÉ AGUARDA AL MERCADO DEL PETRÓLE0

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Todo apunta a que desde principios de 2017 el mercado alcance el equilibrio entre oferta y demanda, con un precio del barril por encima de los 55 dólares.

La mayor parte de los analistas espera una recuperación de precios, hasta el entorno de los 55-60 dólares barril, en 2017 frente a los 44 dólares de 2016 como consecuencia de un reajuste del mercado del petróleo y una disminución de los inventarios acumulados en los años de sobre oferta.

Para entender las perspectivas de 2017 es muy importante analizar lo acontecido en 2016. Este ha sido un año en el que el crecimiento de la demanda de crudo, espoleada por los bajos precios, se habría situado en 1,3 millones de barriles diarios (bl/d). Esta cifra es inferior a los dos millones de crecimiento que se experimentó en 2015, pero superior a la media de un millón de bl/d de los últimos 10 años.

LA ESTRATEGIA DE LA OPEP DESDE 2015, AUMENTO DE LA PRODUCCIÓN Y PRECIOS BAJOS, HA GENERADO UN GRAN DETERIORO DE LAS CUENTAS PÚBLICAS DE LOS EXPORTADORES DE CRUDO

Especialmente significativo ha sido el crecimiento de los países OCDE, quienes han cerrado el año con un crecimiento positivo de la demanda de casi 200.000 bl/d, cuando venían sufriendo una contracción media durante los últimos años de alrededor de 300.000 barrile al día.

Las dificultades económicas experimentadas por muchos de los países en desarrollo durante 2016, algunos de ellos exportadores netos de petróleo o de materias primas, han provocado que el crecimiento de la demanda de los países que no están en la OCDE haya sido inferior este año a la media de los últimos ejercicios: 1,1 millones de bl/d en 2016 frente a la media de 1,4 millones de los anteriores. Respecto a la oferta, en 2016 se registraron comportamientos distintos entre los países productores: mientras que el conjunto de países no-OPEP respondió al entorno de precios bajos con una caída en la producción de aproximadamente un millón de barriles diarios, los países miembros de la OPEP aumentaron su producción en una cuantía similar, evitando con ello un reajuste más acelerado del balance oferta/demanda.

A pesar del mayor crecimiento de la demanda frente a la oferta, dado que los niveles de oferta al inicio de 2016 superaban claramente los niveles de demanda, el resultado en términos de balance global de 2016 sigue conduciendo a una acumulación de inventarios de crudo, aunque, eso sí, a un ritmo sustancialmente inferior al registrado el año anterior. De media, en 2016 se espera un exceso de oferta de petróleo de unos 500.000 bl/d, mientras que en 2015 superaba los 1,5 millones, con trimestres en los que se acumularon en torno a dos millones de barriles/día. Para 2017, la mayor parte de los analistas espera que se alcance el equilibrio entre oferta y demanda, punto de vista que sostenían incluso desde antes de producirse el acuerdo de cuotas de producción de la OPEP. Por ejemplo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en su informe publicado a principios de noviembre, afirmaba que en 2017 estaríamos registrando crecimientos de la demanda superiores a los 1,2 millones de bl/d, mientras que el incremento de la producción de los países no miembros de la OPEP estaría en torno a los 400.000 bl/d, logrando el reequilibrio del balance en la segunda mitad del año. La gran duda en ese momento era saber cuál sería el comportamiento de la producción de la OPEP en 2017.

PUEDE PROVOCAR SORPRESAS EL RUMBO QUE TOME EL NUEVO GOBIERNO DE EEUU: SU POLÍTICA FISCAL, MONETARIA Y ENERGÉTICA, ASÍ COMO LA ESTRATEGIA EXTERIOR

Finalmente, tras casi un año de avances y retrocesos en las discusiones internas sobre la intervención de la OPEP en el mercado, en la reunión del 30 de noviembre de 2016 la OPEP decidió abandonar dos años de política de defensa de cuota de mercado y establecer un recorte de producción de 1,2 millones de bl/d, que en definitiva pretende acelerar el reajuste del mercado y dar soporte a los precios. Adicionalmente, los países OPEP han conseguido el compromiso de adhesión de un conjunto de estados no miembros de la organización (incluido Rusia), que reducirían otros 600.000 barriles/día.

El cumplimiento de estos acuerdos implicaría la inmediata corrección de la situación de sobreoferta existente desde 2014, y una reducción media de los inventarios de alrededor de 1,3 millones de bl/d en 2017, que permitiría reducir los altos niveles de inventarios, actualmente en máximos históricos, hasta situarlos en la media de últimos cinco años hacia finales de 2017 o principios de 2018.

Queda por ver el grado de cumplimiento de estos recortes por parte de los países de la OPEP, que históricamente se ha situado en torno al 75%. Pero incluso considerando un escenario en el que el cumplimiento de los compromisos de reducción sea similar al histórico, el sólido incremento de la demanda, unido a la nueva dinámica de la oferta, conduciría al reequilibrio del mercado en la primera parte de 2017. Por lo tanto, prácticamente todos los escenarios son halagüeños para el sector.

Muchas son las posibles razones que han empujado a los gobiernos de los países OPEP a alcanzar un acuerdo. Pero la estrategia que venían practicando desde principios de 2015, incrementando producción y manteniendo los precios bajos, ha generado un gran deterioro de las cuentas públicas de los exportadores de crudo, sean o no de la OPEP. Por ejemplo, Arabia Saudí pasó de un saldo público positivo como porcentaje del PIB del +11% de media entre los años 2005 y 2014, hasta uno negativo del -16% en 2015 y del -13% en 2016, a pesar de todas las reformas que han acometido. Este contexto de déficit no le impidió aumentar su producción en 600.000 bl/d en 2015 y otros casi 400.000 en 2016, incremento que provocó una fuerte caída de los precios, y que, en definitiva, no fue compensado en términos de ingresos.

Claramente, esa estrategia parece que está siendo rectificada: por un lado, porque la reducción de los ingresos públicos en muchos casos se ha traducido en una reducción en obra pública y bienes sociales, y en un incremento del desempleo, que en conjunto han acentuado el malestar social. Y por otro lado, porque estos países no eran capaces de continuar con los aumentos de producción de los últimos dos años, en los que han añadido 2,75 millones de barriles diarios al sistema, gracias a inversiones aprobadas en entornos de precios más altos y a la capacidad ociosa de Arabia Saudí y de Irán tras las sanciones.

Existen riesgos que podrían ralentizar el proceso de reequilibrio en 2017. En primer lugar, la producción de algunos de los países de la OPEP se encuentra reducida por motivos no planificados, y parte de estas interrupciones podrían disminuir en los próximos meses. Concretamente parte de la producción de Nigeria, que continuaba cerrada desde el pasado verano tras los ataques terroristas a sus instalaciones, o la producción de Libia, tras el avance en las negociaciones entre los distintos grupos de poder del país.

En segundo lugar, todavía existe incertidumbre en el mercado sobre la capacidad que tiene la oferta de productos no convencionales de esquistos de EEUU para introducir muchos más barriles al sistema en el nuevo entorno de precios. La previsión de la AIE para la media del año 2017 es de no aumento, aunque claramente se remonta desde los niveles mínimos de 2016. E ejercicio 2017 también puede deparar otras sorpresas en el ámbito geopolítico que afecten al mercado de petróleo, principalmente provocadas por el cambio de gobierno en EEUU y la nueva política energética, fiscal y monetaria que se aplique, así como su política exterior, en especial en sus relaciones con Oriente Medio.

Por el lado de la demanda, sería razonable esperar que el nuevo entorno de precios no afecte sustancialmente a la dinámica global del consumo de petróleo. Si bien es cierto que unos mayores precios afectan negativamente a la demanda, también es verdad que el repunte del precio se espera que sea positivo para el crecimiento global y para la demanda. Por un lado, unos mayores precios afectan positivamente a los ingresos de los países exportadores mitigando la necesidad de ajuste fiscal en estas economías. Y por otro lado, en el actual contexto global de baja inflación y necesidad de desapalancamiento ante un endeudamiento excesivo, una mayor inflación y crecimiento nominal facilitan este ajuste y permiten un mayor dinamismo de la actividad.

En conclusión, todo apunta a que desde principios de 2017 el mercado alcance el equilibrio entre la oferta y demanda, con un precio por encima de los 55 dólares. La volatilidad estará ligada al cumplimiento de cuotas y a la recuperación de la producción de no convencionales. El alza de precios prevista no reduciría la demanda dado los efectos positivos sobre el crecimiento global y el bajo nivel de precios de 2016.

http://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2016/12/29/58654e5246163f873f8b4621.html

La energía pone fin a su prolongada caída y eleva el IPC al 0,7% en octubre | EL PAÍS

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Un hombre reposta en una gasolinera de Madrid.

La inflación se situó en octubre en el 0,7%, su mayor tasa en más de tres años, según ha confirmado hoy el Ine. Es la segunda subida interanual del IPC consecutiva, tras la de septiembre(0,2%) y se debió, según el ente estadístico, al comportamiento de los precios de la luz y los carburantes. En concreto, el precio de los carburantes termina de recoger la recuperación de los precios del petróleo y se sitúa en positivo por primera vez desde junio de 2014. Por su parte, tras subir un 7,3% mensual, la electricidad entra en terreno positivo por primera vez desde diciembre de 2015.

Según informa el INE, los dos grupos con mayor influencia positiva en la evolución del IPC son vivienda, cuya tasa de inflación queda en octubre en el -0,4% (2,4 puntos más que en septiembre), y transporte, que sube un 1,7%. En el primer caso, se aprecia una tendencia al alza casi ininterrumpida desde el mes de abril, cuando se situaba en -7,1% interanual. La evolución de los precios de la electricidad, el gas y el gasóleo para calefacción son responsables en buena medida de la evolución positiva de los precios del grupo de la vivienda.

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Ver más en: http://economia.elpais.com/economia/2016/11/15/actualidad/1479204302_205769.html?id_externo_rsoc=TW_CM

Las gasolineras sin empleados están prohibidas ya en el 90% de España

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El veto autonómico parcial o total a las denominadas gasolineras fantasma o desatendidas (sin empleados) se extiende por España como una mancha de aceite pese a las advertencias de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

Castilla y León y País Vasco (en octubre) y Canarias (a principios de mes) han sido las últimas regiones en anunciar normativas para prohibir esta fórmula o restringirla, permitiendo sólo la ausencia de personal por las noches. Lo han hecho después de que en agosto el superregulador publicase un informe muy duro con las trabas de las Comunidades Autónomas a un modelo de negocio que, en opinión de Competencia, puede ser disruptivo para el mercado de distribución de carburantes y beneficiar a los consumidores.

La CNMC ha subrayado que en Europa las estaciones de servicio sin personal son “un formato habitual” en numerosos mercados que no ha originado “mayores riesgos para la seguridad del usuario y sí ha reportado beneficios” en forma de caídas de precios. En Suecia, estas estaciones suponen el 60% del mercado; en Dinamarca, el 65%; en Bélgica se aproximan al 20% y en Holanda al 23%.

Pero en España (donde no llegan al 5%) el formato se ha encontrado con un frente común de sindicatos, empresas del sector y algunas asociaciones de consumidores, que advierten del riesgo sobre la seguridad, los derechos de los usuarios y el empleo. La presión ha dado resultado y el veto a las gasolineras sin empleados (si se tiene en cuenta a las regiones que prevén prohibirlas o restringirlas) alcanza al 87% del territorio nacional y al 77% de la población y del mercado, según estimaciones a partir de los datos del INE y las estadísticas de consumo de carburantes de automoción de Cores.

Siete comunidades autónomas (Andalucía, Aragón, Baleares, Castilla-La Mancha, Valencia, Murcia y Navarra) ya prohíben las estaciones de servicio sin empleados y otras siete (incluyendo a la Comunidad de Madrid) han anunciado que lo harán. De momento, sólo se libran del veto Cataluña, Galicia, La Rioja y Ceuta y Melilla.

Competencia no ha recurrido las normativas autonómicas que ya están en vigor aunque en algunos casos (cuando se trata de normas inferiores a leyes, como decretos) tiene la potestad de hacerlo ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional si considera que vulneran la unidad de mercado.

40.000 empleos en peligro

En España hay unas 10.000 estaciones de servicio que emplean a 60.000 personas. Manuel Lozano, de la Federación de Industria de UGT, subraya que 40.000 de esos empleos están en peligro por la proliferación de este formato, alentado por una ley estatal de 2013 (la de medidas de apoyo al emprendedor y de estímulo del crecimiento y de la creación de empleo) que agilizó la apertura de estaciones de servicio en centros comerciales, ITV y polígonos industriales.

La Asociación Nacional de Estaciones de Servicio Automáticas (AESAE), constituida hace un año y que en su web dice agrupar en torno al 50% de este mercado, asegura que existen unas 300 gasolineras de este tipo en España, que suponen menos del 5% del total. A esta asociación pertenecen, entre otras, la enseña de origen francés Ballenoil, valenciana GasExpress o la catalana PetroPrix.

La patronal de las petroleras es la Asociación de Operadores Petrolíferos (AOP), que no se ha pronunciado sobre este asunto, quizás porque algunos de sus asociados han probado este formato como experiencia piloto.

La primera petrolera española, Repsol, opera dos gasolineras sin empleados en Cataluña, aunque su modelo de negocio es totalmente contrario (ahora sus estaciones de servicio permiten incluso recoger paquetes de Correos). Repsol tiene más de 3.500 estaciones de servicio en España, incluyendo las de sus abanderados (que pertenecen a terceros), que emplean a unas 20.000 personas.

En el lado empresarial, la voz cantante del rechazo la están llevando otras organizaciones, como la Confederación Española de Estaciones de Servicio (CEEES). Su presidente, Jorge de Benito, saludó el nombramiento del nuevo ministro Alberto Nadal con esta petición: “Estoy convencido de que el nuevo titular de Energía se comprometerá con el mantenimiento de la red española de estaciones de servicio, de la que dependen de manera directa más de 60.000 puestos de trabajo”.

http://www.eldiario.es/economia/autonomico-gasolineras-empleados_0_579192730.html